Como os dije la semana pasada, ya estoy de vuelta para mostraros dos regiones del noroeste de Namibia que me encantan.

Para visitar la región del Kaokoland, una opción es salir del Parque Nacional de Etosha por el oeste y trasladarse a la ciudad de Opuwo. No se que parte es la que más me impresiona de la región, si sus increíbles paisajes,  la posibilidad de toparme con elefantes del desierto o los poblados de tribus himba y herero que la habitan.

Para los himba está permitida la poligamia, sin limitación en el numero de mujeres. La  unica regla es que el hombre no puede pasar mas de dos noches seguidas con la misma mujer. Es posible que los himba no tengan estudios, pero tontos, tontos, yo no los veo.

Os contaba el otro día que para regresar a Windhoek, tenía por delante 700 km por pistas y otros 500 por carretera, asi que decidí tomármelo con calma. La verdad es que el camino merecía la pena el esfuerzo, tanto la región del Kaokoland como el Damaraland.

Los primeros 200km los pasé disfrutando y alucinando con el paisaje. Aunque con algo de miedo por si pinchaba, no se ve un alma que pueda echar una mano, la densidad media es de 1 hab por cada 2 km²

Por el camino me encontré con tres pelirrojas altisimas que estaban mediodesnudas haciendo autostop. Como eso solo sucede en los sueños y en las pelis porno, decidí pararlas. Y asi cumplí con ese sueño que todos los hombres hemos tenido alguna vez, aunque os aseguro que no era como yo siempre lo había imaginado. Bueno, el caso es que las llevé a su poblado.

 

 

 


Y en que momento se me ocurrió llevarlas, (y no me gusta hablar mal de unas señoritas), porque  aparte de pringarme el coche de color rojo, me dejaron un tigrillo…, que olor!, me tuve que tirar los siguientes 200km conduciendo como los perros, osea sacando la cabeza por la ventanilla.

No es extraño que huelan “intenso” si su aseo diario consiste en embadurnarse con un polvo de ocre rojo que mezclan con manteca de vaca. Sólo se lavan una vez en la vida, el día de su boda, un detallazo…

A esta chica la pongo, porque me parece un cañón

Bueno, vamos a seguir por las pistas hacia el Damaraland, en el sur. Poco a poco el paisaje se va convirtiendo cada vez mas seco.

Aparte de encontrarme con muchas gacelas Springbox y alguna jirafa que otra en mitad del camino, esta zona es refugio de los elefantes del desierto.

No pongo las fotos de los elefantes, porque ya no me acuerdo si ví uno o ninguno, que me liao…

El camino pasa por Sesfontein, un pueblo habitado por mayoria herero, que conviven en la zona con los himba.Las mujeres van vestidas  así a diario, no solo los domingos. Lo que daría yo por poder ver el fondo de armario de una mujer herero, tiene que ser curioso…

Los últimos 400km de camino, ya estaba yo necesitado de asfalto, ni ganas para echar una foto, aunque el Damaraland es tambien impresionante.

Esta zona que os he mostrado si que es considerada la ultima fontera. seguro que hay aldeas que nunca han visto a nadie mas. Aqui te puedes sentir como el explorador ártico William Parry, que en 1821 cuando se encontró en la isla de Baffin con un grupo de Inuit que se creían que eran los únicos habitantes de la tierra, le preguntaron: Vienes del sol o de la luna?

 

 

 

 


No dejeis de sentiros asi.

Acostumbrado a los países del sahel, tengo que reconocer que este país es chocante. No es para menos, no hay suciedad en las calles, algunos edificios paracen alemanes, me alojo en un hotel cerca de la calle bismarckstrasse, etc
Vamos, que creí que me habia equivocado de vuelo y estaba en pleno Babiera, que susto…

Como mi trabajo era entre la ciudad de Windhoek, y la frontera de Angola poco he visto, pero lo poco que he visto esta vez, os lo enseño.
En Windhoek es mandatory ir a tomar carne de animal salvaje al Joe´s Beerhouse, pero está tan buena, que después ya nunca más verás a los animales con los mismos ojos, ya no verás la belleza de la naturaleza en estado puro, etc , etc, solo verás brochetas…

Por ejemplo, en esta foto, no sé que vereis vosotros, yo solo veo un par de brochetas de orix
muy tierno el fillet de antílope sable…

El rinoceronte negro no hay quien se lo coma, ni en carpaccio. Y eso que en el pasado fue muy perseguido por que se pensaba que su carne proporcionaba vigor sexual (por aquello de que su acto sexual dura más de una hora dale que te pego, sin parar, ja! fantasmas…que levante la mano el que se lo cree).

Otras comidas típicas son el biltong, la tradicional carne de caza a la barbacoa o Braai y el maíz, pero vamos, nada que yo cambie por la tortilla de patatas

Dentro de la ciudad, parte de nuestro trabajo estaba en la barriada marginal de Katutura, (que significa algo así como “nosotros no tenemos una residencia permanente”), esto ya me recordaba más al África que conozco.

También el trabajo nos llevó al bar Pharaos, al Cubano, y al Chez Ntemba, la noche me confunde, (sobre todo en éste ultimo), a tomar gintonis (por sus efectos preventivos contra la malaria, claro), pero de esto no hay reportaje gráfico.

La otra mitad del tiempo la pasé intentando entrar en Angola, en la ciudad fronteriza de Oshikango.

El camino a la frontera esta plagado de “termiteros catedrales”. Se construyen con una mezcla de saliva,  tierra y excrementos y pueden ser tan duros que para derribarlos es necesario usar explosivos. Por si hay algun joven explorador leyéndome, le diré que siempre se orientan al norte.

Por cierto que yo no sé en que estaban pensando las termitas que construyeron este termitero, pero la mente un poco sucia, sí que la tenian…

Ya os contaré mis desventuras intentando entrar en Angola en vano, que no me permitieron entrar en el país con Jorge para continuar la misión

Asi que decidí regresar a Windhoeck haciendo un recorrido por la tierra de los Himba, asi se me pasaba la rabia que me había dado dejar solo a Jorge ante el peligro.

Para ello me trasladé a la localidad de Opuwo, base perfecta para recorrer el Kaokoland, una de las últimas áreas vírgenes que quedan en el sur de África. Es una zona de paisajes de montaña increíbles, hogar no solo del pueblo Himba, sino también de los famosos elefantes del desierto.

Que mala suerte tuve, que el Lodge que econtré tenia una infinity pool con impresionantes vistas a las montañas. Este trabajo mio es lo que tiene, es un sin vivir y me tengo que adaptar a todo tipo de ambientes…

A la mañana siguinte inicié el camino de regreso, mas de 700km de camino por una zona impresionante hasta poder coger una carretera asfaltada.

Los primeros 200km los pasé disfrutando y alucinando con el paisaje.

parando a ver como vivian los himba en las aldeas que encontraba por el camino

Los siguientes 200km ya empezaba a sentir cansancio ( osea que empezaba a estar hasta los c…. de tanto camino), aun así seguía parando para ver las tribus himba.

Me acabo de dar cuenta que me está saliendo una entrada demasiado larga, asi que por si no os habeis cortado todavia las venas, voy a parar aqui, y en un par de días os enseño el recorrido tan bonito que hice por la region del Kaokoland.

14. febrero 2012 · 3 comentarios · Categorías:Uncategorized · Etiquetas:

Aunque ahora estoy en Namibia, esta entrada la empece a escribir en Madrid, un dia de perros, que no apetecía ni salir a tomar un vino a El Lateral (recordar aqui podria ir vuestra publicidad). A veces, en días así, me entra un ataque de nostalgia y me pongo a mirar recuerdos africanos. Antes, si algún pobre diablo pasaba por casa, le daba la tarde contándole viejas historias africanas. Ahora es mas fácil para todos, porque las cuelgo en mi blog y podeis huir con tan solo hacer un click.

Asi que prepararos, que os voy a contar uno de mis viajes por la provincia del Extremo Norte de Camerún,

Esta parte del mundo hace frontera a través del Lago Chad con Nigeria y Chad en una zona increíblemente bonita, pero de muy difícil acceso.

Al norte del país esta la ciudad de Kousseri, a cuyo mercado yo solía acudir desde Ndjamena a comprar porque la comida tenía mejor pinta…

Estaba tan acostumbrado a cruzar la frontera de Kousseri que ya no sellaba la entrada en el país procedente del Chad. En uno de esos días, íba con Chechu, que para sorpresa de los chadianos, había venido hacer un poco de turismo. (Es increíble que uno de los países más bonitos del mundo tenga tan poco turismo).

Recuerdo que le dije al cruzar la frontera: “Vamos Chechu, que no creo que pase nada por no sellar la entrada en el pais”.

Una vez atravesado Kousseri, se encuentra el parque de Kalamalué. En este parque es muy facil encontrarte con numerosos grupos de elefantes. El parque es muy pequeño y se puede recorrer andando. Soliamos acercarnos bastante a los elefantes, hasta que uno de ellos hacía ademán de embestir, avisándonos así que ese era nuestro límite

Esta foto la tomé segundos antes de que nos embistiera

Más hacia el sur, a un par de horas en coche, (si no pinchas) está el Parque de Waza, el mejor del país. Leones exisitir no existen, pero haberlos haylos, osea que no los vi, pero sí tuve la suerte de ver a unas girafas echar una carrera a nuestro 4×4.

También es fácil ver grupos de antílopes ruanos, como estos de la foto

Todo iba segun lo planeado, (esto era fácil porque como no había planes…), bueno, todo iba bien, que no es poco…

Llegamos al Lago Maga, junto al río Logone, donde contratamos una barca a unos pescadores que nos llevaron a ver una colonia enorme de hipopótamos

Por aquí merece la pena ver el mercado de Pouss y las casas de los Musgum, que pueden llegar hasta los 10 metros de altura (me refiero a las casas, ellos son mas pequeños). En este poblado habia algo que parecía una olla enorme, no quisimos preguntar para que era, ni cual era el menú del día, pero nos marchamos rápidamente…por si las mosquis

Desde aquí hasta Maroua, la capital de la provincia, el camino no tiene desperdicio, puede ser corto si vas por carretera,

o un pelin mas laaaargo si coges uno de mis atajos, y más en la epoca de lluvias

Así que decidimos atajar, para poder conocer más aldeas, pinchar un par de veces, encallar en el barro, despertar a toda una aldea musgum para que nos ayuden a sacar el coche del barro, volver a encallar, deslizarnos por el barro, etc etc

Al final llegamos a Maroua a las dos de la mañana, directamente para ser detenidos por la policía en un check point de entrada a la ciudad. Nos llevaron al cuartelillo y nos obligaron a pasar la noche.

Todo por no llevar el sello de entrada en el pasaporte, mira que se lo dije a Chechu, que desastre…

Como no quería alojarme en una cárcel camerunesa y salir de ella virgen por delante y mártir por detrás, acepté a darle al policía 50 euros en concepto de explicaciones, que le convencieron para ponernos el sello y dejarnos marchar.

Después hicimos una rápida visita por las montañas Mandara, pues yo queria conocer al rey del poblado Oudjila, que tenia 49 esposas y 112 hijos (ahora tendrá más, pues ha llovido bastante desde entonces).

Una vey comprobado que el citado Rey estaba seguía hecho un chaval, nos pusimos en marcha hacia la frontera, pues teniamos que regresar a casa al dia siguente.

La verdad que no es una historia muy allá, pero al menos ha servido para manteneros a alguno sin hacer click hasta el final. ( porque hay alguién ahí, no?)

Y ahora os dejo que me voy a pegar una carrerita para hacer hueco a un solomillo de Springbox en el Joe’s Beerhouse de WIndhoek. Y luego como es mandatory, lo empujaré con un gin tonic.

Ay, que perra vida ésta….

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