Hola a todos, abandono por un momento mi aventura periodística y regreso al blog porque tengo algo especial que contar ( además no quiero que la fama me cambie, quiero seguir siendo yo 🙂 , así que vuelvo a mis esencias.

El caso es que el otro día sobrevolé el mar de dunas de Ubari. Fue en un C-130 Hércules, igualito a los que volaba en aquellos tiempos en que me dedicaba a saltar de los aviones y arrastraba todos los vicios de la juventud ( salía de juerga, me gustaban las mujeres y me inflaba a colacaos…no, si hay vicios que nunca se dejan del todo).

Y el otro día como entonces, me sentí feliz de volver a oler el queroseno, ese aroma inolvidable que siempre acompaña a la aventura y precede a los desconocido…

Pues eso, que volé en un Hércules, pero ésta vez, en lugar de ir en la perrera, lugar al que se empeñan en mandarme una y otra vez, fui en cabina con un amigo que me quiso enseñar porqué se hizo piloto, y por qué, a pesar  de tantos años pilotando, sigue siendo feliz cada día que vuela sobre el desierto.

Y ésto es sólo una muestra, que yo aquella noche no dormí de la excitación ( por el vuelo)

Muchas gracias Omar por este regalo, pero has creado un monstruo, porque ya estoy deseando repetirlo, y tengo muchos planes…

 

dunas de Ubari 1

Desierto de Ubari 1dunas de Ubari 2

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