Dicen que en el corazón del Sahara se encuentra uno de los lugares más increíbles y misteriosos del mundo. Dicen que el lugar es inaccesible, que hasta allí sólo puede llegar el viento, escondido como está tras las montañas del Air, el Hoggar o las del Tibesti y rodeado por la inmensidad de los desiertos del Tanezrouft, el Tamesna y el Teneré. Y dicen también que siempre fue un lugar peligroso, tan cerca del temible encuentro de fronteras de Argelia con Libia y Níger, punto de paso obligado de enigmáticos tuareg y belicosos tubus, siempre insumisos, siempre en guerra. Eso dicen…

También oí decir que allí reinó hace muchos años Tin-Hinan, la mujer gigante del Sahara y que tras su muerte, los espíritus malignos del desierto, los terribles djinns, se apoderaron para siempre del lugar. Y que así quedó olvidado y perdido, durmiendo un extraño sueño durante siglos, ajeno a todo, Y que los primeros exploradores que se atrevieron a recorrerlo perdieron la cabeza con lo que descubrieron en su interior.

Cuentan que en su interior, entre un laberinto de agujas que emergen sobre enormes dunas de arena rosada, uno de aquellos locos exploradores, Henri Lothe descubrió la ciudad perdida de Sefar, el regalo más secreto del Sahara. Y cuentan también que allí yacen los mismísimos restos de la Atlántida y que entre sus paredes hay pinturas milenarias representando seres gigantes, extrañas figuras, animales  desconocidos y seres de otros mundos. Sí, eso dicen…

Y contaban que entrar allí, en el Tassili N´ajjer, era abrirse paso a un mundo irreal, con montañas volcánicas, profundos desfiladeros y un paisaje atormentado por un viento infatigable que arrastra la arena de las dunas suaves y curvadas de Moul N’agga o las rosadas de Tin Merzouga produciendo una erosión permanente y caprichosa al golpear contra las extrañas formaciones de Tamezguida. A veces es obligatorio pasar por la puerta pequeña del imaginarium para encontrar un mundo de fantasía.

 

Tantas cosas decían…que no tuvimos mas remedio que ir a verlo con nuestros propios ojos, es mas, no se ni como habíamos podido aguantar durante tanto tiempo. Así que, aprovechando que la zona está segura (porque aunque lo parezca, no semos unos inconscientes), volamos a Djanet, aquel oasis a la deriva en el umbral del misterio y acompañados de Mohamed y su pequeña “Katiba” iniciamos la aventura atravesando el gran Erg D´admer dispuestos a conquistar este sueño.

Eran días de harmattan, el viento rojo del desierto, siempre violento, que levantaba la arena y daba al cielo un tono plomizo. La visibilidad era escasa pero no impidió que Mohamed nos enseñara parte de aquel infinito de tesoros ocultos. Nos enseñó que hubo un tiempo en que aquella tierra fue un vergel, y por ella corrieron antílopes, jirafas, elefantes y leopardos; con ríos infestados de cocodrilos e hipopótamos. Que las piedras así lo dicen.

Otras pinturas representan la vida cotidiana del neolítico, y hasta vimos la muy probable primera pornografía de la historia, que no reproduzco aquí por pudor, pero que me hizo ver que seguimos igual de inmaduros desde hace 8000 años.

El atardecer es incluso más espectacular que el dia, cuando reina el silencio y solo se oye el canto de las dunas. Nada como sentir el frío de la noche, con el cielo infinito por techo y por única cama la tierra fría, y esperar al amanecer observando en silencio mientras llega el aroma de las brasas de acacia. Es cuando siento de verdad que de mi doble existencia ha triunfado la del desierto, siempre aventurera, y encierra por unos días a la calmada del hombre responsable que soy.

Siempre entre risas fuimos recorriendo cada rincón del Tassili y durmiendo cada noche al abrigo de los vientos, devorando junto al fuego la comida de Mohamed, escuchando los ronquidos de Issa (y de alguno más que lo niega) y las canciones de Mousa, (sobre todo una que me llevaba a otros brazos muy lejanos), hasta que no tuvimos más remedio que regresar a Djanet, camino de casa.

 

Hice otros viajes, tuve otros sueños y conocí la magia de otros desiertos, más duros y más lejanos, pero éste…éste me obligará a volver muchas más veces, lo sé. ( Pedro, ahora es cuando digo lo de que Desertando te lleva allí el próximo mes de octubre?, pues eso)

9 comentarios

  1. Al principio me he muerto de envidia leyendo sobre tu aventura, después me he dado cuenta del privilegio que es poder viajar contigo. Así que muchas gracias por dejarme que te aocmpañe.
    Es un verdadero placer leerte.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

  2. CATEGORÍA SUPERIOR.
    Como siempre, magníficas fotos e historia cautivadora.
    Y digo categoría SUPERIOR, porque el blog dice en su titular “sin categoría”, lo que no hace honor a las historias que nos cuentas.
    Un abrazo Carlos.
    Ramón

  3. Gracias. Las fotos son fantásticas y es que el desierto es estéticamente impagable pero la sensación de estar viéndolo tiene un sobrecoste, estético se entiende y el sentimiento de congojo tiene que ser inmenso. Repito, gracias.

  4. Yolanda Orozco

    Me ha encantado Carlos, qué desierto tan impresionante y qué colores!
    Ya estás en Madrid? Tengo que consultarte algo. Un abrazo

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