Tenemos unas amigas que siempre piden guerra. Han cruzado con nosotros las dunas del Sahara, navegado por el río Gambia hasta el mítico Janjanbureh y atravesado Burkina Faso por el país Lobi. También conocimos juntos lugares tan misteriosos y ocultos como la magia del vudú de Ouidah, el territorio de los Somba o incluso asistimos a una celebración de la secta del cristianismo celeste en un palafito sobre el lago Nokoué.

Tan sólo necesitan una garrafa de vino sudafricano de Namaqua y un poco de fuet para adentrarse como Tarzán por el legendario reino de Opar o encontrar la ciudad perdida de Kor y desafiar el poder de “Ella, la que debe ser obedecida…” Menudas son

Y como no podía ser de otra manera, este año quisieron atravesar el Kalahari, la tierra de la Gran Sed. Un desierto lleno por igual de maravilla y de misterio, implacable con los incautos y los desprevenidos, tan seductor como exigente, un mundo solitario.

Tierra dura a la que solo han sabido adaptarse los bosquimanos. Casi el único pueblo cazador recolector que queda en África, perseguidos y casi exterminados en el siglo pasado, un mundo que se desvanece.Yo los encontré más al sur, desierto adentro y también en el lago Eyasi, en Tanzania. Acababa de leer el libro de Van der Post, así que reconozco que por aquel entonces intenté identificar esa deformación de las nalgas que las mujeres tienen para acumular agua y grasas. También decía que los varones bosquimanos tienen una danza para cada acto, adoran el baile y tienen un estado de semierección permanente durante toda la vida. Tengo un amigo en Madrid que no lo sabe pero debe ser bosquimano…

Empezamos la ruta en Maun, con unos días de descanso recorriendo el laberinto de canales del Okavango, disfrutando de encuentros casuales con elefantes, saboreando gin tonics al atardecer sobre el río Boteti y de entretenidas charlas al caer la noche.

Tras Maun, la aventura, y la alegría de iniciarla dejando la carretera y siguiendo las huellas de un débil sendero que nos llevaba a lo salvaje, entrando en una región donde hasta hace poco nadie había osado internarse. Los primeros fueron Livingstone y Oswell, después Baines, Chapman, los hermanos Green y tantos otros…Hasta un funambulista, el Gran Farini, se atrevió a desafiar el gran desierto y atravesarlo a pie con tan solo un revólver, una cámara y un libro de notas. Yo las leí y me atrapó su historia, por eso salgo dispuesto a superarla internándome por el desierto acompañado tan solo de cuatro amigas, que así soy yo, inconsciente total.

Juntos recorrimos Makgadigadi y las tierras de Nxai Pans, convertidas en un barrizal, un lugar solitario que a veces recibe la visita de miles de cebras y jirafas y otras veces la de nadie . Allí acompañamos el galope de un grupo de Oryx en la inmensa llanura del salar, vimos el baño del elefante y almorzamos a la sombra de uno de aquellos durmientes baobabs que inmortalizara Baines.

Tras la aventura, la calma, disfrutando de una increíble puesta de sol entre los baobabs de Kubu, la Isla sagrada de los bosquimanos, uno de los lugares más solitario y místico que conozco. Nada más fácil que al caer la noche, bajo una inmensa luna, dejarse atrapar por el aroma del vino sudafricano mezclado con el del fuego de leña de acacia y el olor a promesa de lluvia. Las risas iniciales se fueron transformando en conversaciones apagadas hasta convertirse finalmente en ronquidos…Una gran noche.

Y tras la calma, el éxtasis final, recorriendo el Parque Nacional del rio Chobe, el lugar del mundo más poblado de elefantes, y cruzando Zambia y Zimbawe para llegar a las cataratas Victoria, la séptima maravilla de la naturaleza.

Por el camino y para el recuerdo quedan aquellos safaris en barca por el Chobe, la cena a escasos metros de una charca con elefantes,  un atardecer en la reserva de Elephant sands, un pequeño paraíso en Pandamatenga… y sobre todo la visión desde Zimbabwe de las cataratas Victoria

Aquella noche, a orillas del Zambeze, cenando entre impalas y cebras decidimos el destino de nuestra próxima aventura, las Montañas de la Luna…

Deseando estoy de volver a la aventura, con el sol sobre la cabeza, el viento en la cara y el camino a los pies…

 

2 comentarios

  1. Echo de menos tu vida, como tú fui aventurera insensata, disfrutona de lo desconocido deseado. Sigo sin cerrar el sueño de hacer ese viaje antes de que me pille la desgana. Un abrazo

    • undiaenlavidadecuchara

      HOLA Pilar, pues espabila que nosotros estamos siempre dispuestos, que llevas ya demasiado. demasiado tiempo dándole vueltas. Un beso grande

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