Ayer mismo comprobé cuán impenetrable seguía siendo éste trozo del Amazonas, al menos para mí, porque era la segunda vez que me vencía. La primera vez no fue hace mucho tiempo, y recuerdo que terminé el conato de aventura acompañado de un rastafari de pinta mas que dudosa y su pistola bajo mi custodia en la guantera del coche. Entonces decidí desistir y regresar a Georgetown, a tomarme una copa de El Dorado, el roncito local, que fue la bebida oficial de la Armada británica durante muchos años. Y de esto, ellos entendían un rato.

La derrota de ayer fue debida a otro cúmulo de circunstancias mas tranquilas, aunque pesaba sobre todas la promesa a mi madre, que vuelvo a tener unos días en chapa y pintura, de que estos días iba a dejar de lado este talento especial que tengo para los problemas e iba a pensar con la cabeza y no con las vísceras, para evitar que se me ocurrieran mas genialidades.

Sobre todo porque meterse bajo una lluvia torrencial por aquella pista roja, tenebrosa y encharcada que se perdía hacia el interior del Amazonas, no parecía una buena idea, y menos cuando tenía que coger un avión a Panamá esa misma tarde. Siempre con prisas.

Así que aunque el cuerpo nos pedía seguir por ese camino, (iba con el Richal que tenia las mismas ganas que yo de aventura por el Amazonas), decidimos regresar a la ciudad de Linden a que amainara el temporal y apareciera una alternativa de aventura viable. Y es que para ver  el museo minero de la ciudad no nos habíamos levantado a las 4 y pico de la mañana renunciando al desayuno buffet del hotel, lo que en mi caso significa mucho renunciar…

Mientras llovía, vi poco que me atrajese en Linden, aparte de un ruinoso mercado, vacío, sin vida, por donde circulaban a sus anchas dos vacas sentenciadas. También había un  pequeño paseo junto al río Demarara donde terminaban los destartalados restos de unas minas de bauxita que conocieron glorias mejores cuando se acercaban enormes barcos de carga, despertando a la ciudad de su letargo.

Pero siempre pensaré en Linden como el lugar de Guyana donde muere la carretera y nace la aventura, alli justo, en aquel camino que intentamos seguir y que llevaba hasta Lethem, en la frontera con Brasil, Un camino que se perdía entre la jungla, sin mas color que un verde tan intenso, tan igual y tan oscuro, que daba al paisaje un aire muy tenebroso, al menos con la lluvia. Ese camino es una maldita tentación.

Pero como os podéis imaginar, no escribo esto para poner fotos del museo de Linden, porque tras un tiempo de frustración y espera, se asomó tímidamente el sol, la lluvia nos dio una tregua y la estrella que siempre nos ilumina nos mostró una alternativa a aquel maldito camino: Intentarlo por el río, en una de aquellas barcazas que lo atravesaban continuamente de una orilla a otra.

Y no es por nada, pero fue una autentica maravilla

Estoy en Costa Rica, de regreso a casa, no hay descanso para mi mente,  la jungla sigue atormentando, aunque sé que algún día conseguiré llegar hasta el final de ese camino y la venceremos, pero lo que mas me duele es que me han gustado mas las fotos de Richard que las mías. Manda cohones

Definitivamente voy a comprarme un iphone, lo hago por vosotros.

 

2 comentarios

  1. MIGUEL ANGEL RODA

    AVÍSAME CUANDO VUELVAS!!!!!

  2. Luis Crooke Álvarez

    Qué grande eres Carlitos, y que mala vida llevas.. .

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