Decía la exploradora Isabela Bird que los viajes le daban a uno el privilegio de hacer las cosas mas impropias con total impunidad y yo, que en verdad que no las he hecho nunca, ni las volvería a hacer, me encuentro como consecuencia de una de ellas, postrado en la cama con un pie roto, purgando mis muchísimos pecados.

Días antes de mi ocurrencia, había atravesado Botswana por las tierras altas del Kalahari, cruzado la sabana de Zimbawe, el desierto del Namib, el Kaokoland, la costa de los Esqueletos, navegado por el Zambeze y el Chobe, etc etc. Casi 6000 kilómetros de espacios abiertos, salares, desiertos y montañas, empachado cada segundo de paisaje y aventuras por una pista infinita y salvaje… Así que ahora, mientras permanezco encerrado contra toda voluntad en mi jaula de oro, miro las 17 grapas que cierran mi herida y duele… pero no tanto.

Algo tienen esas pistas interminables que me atraen irresistiblemente y necesito perderme por ellas. Y no es que vaya huyendo de la justicia ni de ninguna ex novia despechada, ni me haya hecho vegano y busque encontrarme a mí mismo, es simplemente el placer de enfilar la pista y acelerar, acelerar hasta desaparecer entre la nube de polvo que vamos levantando, sin más mapa que las emociones ni más testigos del viaje que algún grupo de oryx o solitarias jirafas.

Por el camino me voy apropiando de los increíbles lugares que la ruta nos va descubriendo, el duro camino más al sur de Solitaire, el silencio del valle de acacias muertas de Deadvlei o aquella vieja mina de diamantes habitada ya sólo por un grupo de leones marinos.

Me pertenecerán para siempre el frío del amanecer entre las blancas dunas de la Costa de los Esqueletos o los suaves matices del atardecer en aquella pista perdida del Damaraland mientras buscábamos un lugar donde acampar antes de que el día se apagase. Tampoco olvidaré las noches en las tierras sagradas de Spitzkoppe y Kubu, cuando el calor del fuego, del vino y de los buenos amigos, nos llevaban de la mano a ese otro mundo de viejas leyendas que agitan la tienda atraídas por los suspiros del viento y los lejanos aullidos de la noche.

El aburrimiento, una película triste y la mezcla del nolotil con el vino me están trayendo hasta el sofá estos recuerdos de una forma poética preocupante que afecta a mi prestigio de hombre de Cromagnon, pero mientras dure, seguiré pensando en aquellos caminos interminables. En ellos vimos merodear al chacal, comer al guepardo y luchar al león, compartimos la comida con los herero en mugrientos bares del Kaokoland y cenamos en Bostwana en compañía de centenares de elefantes (tirando mmmmuy por lo alto).

Alternábamos el lujo de los mejores lodges del África Austral con el perraje de algunos lúgubres bares de excusados inexcusables…Disfrutábamos tanto de la soledad de las dunas de Torra Bay como de la compañía himba en una aldea perdida o del bullicio de un mercado herero. Eran días de gran intensidad que terminábamos siempre agotados, soñando con una buena ducha caliente, una buena comida y un mejor vino, que nunca faltaban…

Ahora mientras permanezco con la pata en alto, recuerdo las gans irresistibles de de subir por la costa de los esqueletos más al norte de Torra Bay en busca de leones y elefantes del desierto o continuar por el sur hasta Sandwich Harbour, allí donde las dunas abrazan al mar. Pero eso de momento tendrá que esperar y formar parte de los sueños que como las muletas, seguirán atormentándome durante un tiempo. Porque si todos los sueños se cumpliesen, ¿cómo distinguiríamos entre sueño y realidad?

9 comentarios

  1. MIGUEL ANGEL RODA

    CARLITOS!!!! recupérate pronto que te necesitamos!!!
    Un fuerte abrazo

    • undiaenlavidadecuchara

      ya estoy casi recuperado, en un mes operativo del todo. y nos ponemos en marcha con ese viaje que hablamos, estate atento al blog, que voy a esribir sobre ese viaje muy pronto. Un abrazo

  2. Me encanta, me transporta. Una de las mejores con diferencia.

  3. Me encanta, me transporta. Una de las mejores con diferencia.

  4. Pero que te ha pasado Carlitos???!!!

  5. Como te gusta la arena campeón!!! Que ganas tengo de ir a Namibia. Por cierto….muy duro…no llegue a subir al Lengay, me quede 6 horas en una grieta esperando a que volviesen los demás, aunque la verdad fue toda una experiencia.
    Y que te ha pasado en el pie???. Cuidate, un abrazo

    • undiaenlavidadecuchara

      Holaaa, me sale anonimo y no caigo quien eres, mmmmuy duro el Lengai eh, pero es muy buena aventura, las vistas son increibles y el lago Natron de lo mejorcito. Un abrazo

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